VIII Hacia el Sitges del 800
Las murallas de la villa de Sitges eran blancas. Encerraban todavía a mediados del siglo XVII un reducto urbano mínimo. El Cap de Vila, como su nombre lo indica, era, viniendo por la calle Mayor, su extremo mas avanzado. Hacia la playa cerraban la villa las puertas de las calles marineras de Carreta y Tacó. La vida y la muerte estaban concentradas en la plaza delante del Castillo, donde hasta el siglo XIX estuvo el primitivo cementerio.
En el siglo XVII, a pesar de las muchas guerras y los cambios de señoríos que sufrió el castillo de Sitges, la villa empezó a crecer fuera de sus primitivos reductos.
En 1705 se construye la calle Parelladas y parte de la ribera. Doce años más tarde se menciona en el Llibre del Consell la calle Defora, y en 1714 las calles del Bonaire y la de Barcelona.
Hacia mediados de siglo el aumento de la población se presenta lento pero progresivo. Desde entonces hasta el final del XVIII no hay datos precisos. El famoso censo de Floridablanca está hecho, desgraciadamente para nosotros, por obispados. Sólo consta que en la última década del setecientos se construye bastante en Sitges: casas y caseríos.
El siglo XIX asoma ya por sus calles. Entre el mar y la montaña el nombre de América abre en la villa esperanzas de expansión y comercio, mueve la ambición que luego ha de ser edificada en las casas de los indianos, y el tesoro melancólico para quienes paseamos por sus calles.
Advirtamos rápidamente que el comercio con América era ya, en Sitges, anterior, naturalmente, al siglo XIX, pero no la emoción americana. En los quince últimos años del dieciocho se hicieron con capitanes y barcos de la villa de Sitges, trece viajes a Buenos Aires, ciento cinco a las islas de Barlovento y catorce a México y Costa Firme. |