En la casa de los Benaprés, en Sitges, mientras una señorita de largos tirabuzones toca al piano aires populares mezclados con músicas cubanas lánguidas, suaves, nostálgicas, que no pierden al transplantarlas a estas antillas peninsulares de Iberia, un caballero recita los versos que se han hecho ya famosos:
"Adéu-siau, turons per sempre adéu-siau,
o serres desiguals que alli en la pàtria mia,
dels núvols e del cel de lluny us distingia,
por lo repós etern, per lo color més blau."
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