Se dedicó activamente Don Miguel a la busca de hierros y antigüedades para Rusiñol. También le había descubierto a Rusiñol algo mas que hierros. El fue, sin duda, el secreto orientador de Don Santiago, el seleccionador de amistades, el diplomático de su vida en Francia como en Italia y en España. Y eso que la simpatía de Utrillo era muy relativa porque era una mezcla - por lo que cuentan de él-, de gran señor y de negociante, de animador y de destripafiestas. En Sitges no se le quiso mucho, pero pocos dejaron de comprender lo que valía. Estando tan reciente la vida de este hombre que se estableció al fin en Sitges que vivió y casó en la villa, que tuvo aquí casas, intereses, hijos, que cooperó como pocos al levantamiento intelectual y artístico de la villa, su existencia es nebulosa, oscura, contradictoria. No sabemos aún que quiso Utrillo...si es que quiso algo. No sabemos, mágicamente hablando, quién fue Utrillo.
Una tarde, visitando el cementerio marino de Sitges con gentes muy allegadas a él, quise visitar su tumba. Se localizó sólo a medias:
-Debe estar aquí...
-Quizás ésa...
Me quedé asombrado. No había ni un nombre que lo recordara, ni una señal que revelara visiblemente dónde estaba en aquella tierra del pequeño cementerio de Sitges. Una insobornable simpatía me unía con aquélla sombra contradictoria y abandonada, un tanto diabólica y extraña. Todo en él tiene dos versiones, dos cara, dos verdades, que una de las dos no puede ser verdadera. Recordé la famosa historia de Maurice Utrillo, el Utrillo que no era Utrillo, e inmediatamente, al representarme su rostro, comprendí que Maurice Utrillo, el que no es Utrillo, se parece a los Utrillo como una gota de agua.
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