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HOTEL CELIMAR SITGES

Celimar Hotel Sitges

III El Cau Ferrat, los Grecos y el Greco

En 1892 estuvo Santiago Rusiñol dos veces en Sitges, o por lo menos, de dos estancias importantes dan testimonio: una el 5 de enero y otra del mes de junio.
La primera fecha marca, a la vez que una estancia anterior de Rusiñol en Sitges, puesto que se trata de una fiesta de despedida, algo muy importante: la identificación de la villa con Rusiñol, o, en todo caso, de muchos de sus vecinos.
La vida agitada y un tanto irregular del artista debió desconcertar bastante a los tranquilos habitantes de Sitges. Era Rusiñol, ya de por sí, un tipo espectacular y desde un punto de vista burgués poco tranquilizador. Iba vestido de artista, afición que conservó hasta su muerte. Bebía demasiado y públicamente, se hablaba de toxicomanía, de velas de magia, de crápula y corrupción en París...
Escribe Pla: "En realidad a Rusiñol le costó bastante tiempo lograr que Sitges le tomara en serio. En los primeros tiempos fue considerado como un bohemio suburbial, de café y taberna, un barrilaire mas o menos divertido". Tenía más aire Utrillo vestido siempre a la inglesa, jugando al dandy y no al bohemio y seguramente con un criterio más exacto y más malicioso de los factores que cuentan para la estimación o al menos el respeto público en los pueblos.
Rusiñol, sin embargo, se fue ganando a la gente de Sitges por su simpatía natural, por su ingenio y buen humor, y también porque, a través de los años, Sitges empezó a comprender que venía más gente a contemplar a Rusiñol que a contemplar el mar y el paisaje. Su prestigio llegó a ser en Sitges casi místico. Hizo mucho por la villa, pero la villa le correspondió y le sigue correspondiendo más allá de la muerte. No hay, en realidad, ningún hijo de Sitges que viva en olor de multitud como este hijo adoptivo, genialoide, alborotado y desconcertante, que hizo en aquellos tiempos, entre muchas cosas buenas, todas las cosas raras que sólo a él le supieron respetar y que para su tiempo son más audaces que las de Salvador Dalí en Cadaqués.

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