La comitiva la formaba casi un centenar de personas y en ella venía el estupendo Pompeyo Gener, Joaquin Cabot, Juan Maragall, Casellas, Carlos y Juan Godó, Antonio Mirabent, Soler y Miquel, Dionisio Puig, Andouard, Manuel Rocamora, José Galván, José Ixart, Rómulo Bosch, etc.
Rusiñol, vestido de artista siempre, saludaba al pueblo estupefacto. Así llegaron al Cau Ferrat, donde los Grecos fueron colgados, y se sirvió en la terraza un almuerzo. Este fue sin duda el primer paso para la idea de levantar en Sitges una estatua del Greco. La anécdota de la "Cervecería Inglesa" de Madrid, de las conversaciones de Rusiñol aquella noche con los Gasset, con el torero Guerrita y el duque de Veragua, es demasiado conocida para repetirla otra vez con todos su graciosos incidentes hasta la suscripción para le monumento al Greco en la villa de Sitges, que inició en Madrid don Juan Espina y que continuó luego en Sitges, estimulado por una campaña de prensa que se encomendó a Casellas.
La primera piedra del monumento se puso, por fin, en la Ribera y nada menos que con un discurso del bueno de don Nicolás Salmerón y otro, por supuesto, de Santiago Rusiñol. |