IV Ángel Ganivet en Sitges
La llegada de Angel Ganivet a Sitges cada uno la cuenta como quiere. Es un capítulo confuso, como todo, en la vida de Ganivet. Utrillo habla de Ganivet quizás con más precisión, pero tampoco, por lo que pude hojear en la traducción del manuscrito, aclara la presencia de Ganivet en Sitges, o, mejor dicho, el por qué se le ocurrió al granadino venir aquí. Cuando yo traté a Rusiñol, no se me había ocurrido ni remotamente venir a Sitges y nunca hablamos de Ganivet ni de la estatua del Greco. Es lástima, pero ya no tiene remedio.
Ganivet fue un espíritu complejo, difícil y enormemente interesante. Don Miguel de Unamuno, que a ultima hora de su vida guardaba recuerdo pero no excesiva simpatía por él, me había hablado del autor del "Ideario Español" muchas veces. En mi libro sobre Unamuno (Editorial Aguilar, Madrid, 1930) hablo de Ganivet y sus relaciones con Ganivet. Se Habían conocido en 1891, cuando Ganivet preparaba unas oposiciones a la cátedra de griego vacante en la Universidad de Granada. Iban mucho juntos a una horchatería de la Carrera de San Jerónimo. Tenía Ganivet veintiséis años, hablaba poco. De vez en cuando contaba historias y anécdotas de los gitanos en Granada. A ganivet le gustaban las mujeres. Era triste y sensual. Unamuno, virginal, filósofo y antipático. Hablándome, don Miguel, de Ganivet me decía (está en mi libro publicado en vida de Unamuno):
-Padecía un erotismo agudo que le llevó a la muerte, estando ya , por supuesto, medio loco. |