Uno hubiera merecido el sentimiento, la evocación, en estas góndolas domésticas que son las mecedoras, las mecedoras coloniales que los americanos soñaban ya para un día de paz en los años duros de lucha y de trabajo.
Sí, yo hubiera tomado la medida de los arcos graciosos y marineros, soñado en voz alta con la arquitectura de las casas antiguas, la de Llopis y la de Fals. Hubiera tomado la senda del maestro Azorín para describiros las tertulias de "El Prado" y de "El Retiro", y hubiera trazado la fina silueta de un señor de la villa, don José Planas por ejemplo, hablándonos del gran París del novecientos mientras comenta airadamente la guerra el nervioso señor Martínez y el maestro Sagarra, desde un velador, quiere arrancarle a las Musas la gracia de un soneto respetuosamente amoroso.
Sí, yo os hubiera descrito sus palacios misteriosos como esa casa llamada el Rey moro, en la antigua muralla, donde piedra por piedra van surgiendo una maravilla de hogar gracias a los trabajos de otro sitgetano que ha hecho mucho por la villa, don Antonio García Monte-Nuño.
Sí, sí, yo os hubiera descrito el días desde el adorable "Chiringuito" de la Ribera, en cuyas mesas he escrito durante más de un año cinco libros y toda mi colaboración periodística. ¡ah, con qué amor, con qué orgullo profesional os hubiera dicho todas estas cosas! Mi llegada a las diez y media, antes de la de los dueños. Mi conversación matinal con el joven Vidal, que arregla las mesas y las sillas de mimbre. La llegada primero de la señora de Calafell, la dueña, con las llaves de la pequeña cocina. "La Vanguardia" y una cesta. El rito de darme el primer café de la mañana, que en ningún sitio es mejor, de ponerme mi tinterillo -"el tintero del señor Ruano", porque la casa me ha destinado uno y yo ya he agotado cinco -y de traer y llevar los ojos de las cuartillas al mar, del mar a un libro... Vienen luego los tertulianos matinales, fieles a las cuatro estaciones y nos saludamos de mesa a mesa. Desayuna Calafell un café con leche y pan migado en plato sopero -invención extraordinaria- y así continúa la mañana, mi mañana hasta las dos de la tarde, hasta las dos en punto, justas, precisas de la tarde, en que entra el matrimonio Catasús en el Chiringuito... |